domingo, 13 de octubre de 2013

Otoño y sin abrigo




Es septiembre y llueve. Será que todos los comienzos quieren tener sabor a ti y por eso dejas escapar las gotas que escondías en los bolsillos de los párpados para principios de otoño.

Es septiembre y casi no hace frío. Quizás el verano se resiste a alejarse de ti y que tus ojos azules sigan invocando mares en los que reflejarse o cielos que les hagan la competencia, aunque en el fondo saben que no hay azul más bonito que el de tus ojos con mi reflejo.

Es septiembre aunque queden escasas horas para que entre octubre. Y es que empiezo a pensar que el tiempo pasa tan deprisa porque los meses y sus días se pelean por ser quienes te rocen la piel.

Es septiembre y otoño. Mi estación preferida y a la vez la más triste porque entiendo que las hojas se suiciden de los árboles para que luego tú las pises. Sí, pero porque es la única manera que tenemos de sentirte.

Es septiembre y de noche. Las estrellas se esconden tras las nubes para que no te des cuenta de que se ruborizan al verte. Yo conduzco camino a casa donde nadie me espera y no tengo prisa para llegar a la cena que tengo preparada con la soledad.

Es septiembre y el túnel me recuerda a la vez en la que te abracé por la espalda y te susurré que me demostrabas día a día que caníbal y poeta empezaban por la misma letra, la "d" de devorar personas solo que uno por dentro en recitales y otro por fuera en comilonas. Tú te reías y yo te mordía la oreja. Tú no soltabas el volante y yo ya sabía que lo nuestro era el mejor accidente que podríamos sufrir jamás -aunque fuese en un sueño, también cuenta-.

Es septiembre y al final ha sido inevitable mi llegada a casa aunque sea por inercia. El coche está escaso de gasolina y yo de ganas de salir de él y entrar adentro donde me espera un calendario con 92 días sin tachar que es lo que queda para que comience otro año, según las predicciones igual que los demás.

Es septiembre y todo me molesta al salir del coche. Rehuyo del viento porque no me recuerda al tacto de tus manos que tantas veces he imaginado. La lluvia cae sobre mí como ácido sulfúrico porque llueve y tú no estás ahí para besarme... La casa parece oscura y en silencio aunque todos los rincones gritan tu nombre en susurros. Entro y no están en pijama esperándome detrás de la puerta para cogerme en brazos y que seas tú mi cena.

Es septiembre y ya hace frío...

Es otoño y no te tengo a ti de abrigo...

Clara.

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