Entradas

No estoy de vuelta...

Imagen
Hacemos de lo fácil algo difícil porque necesitamos excusas para justificar nuestro miedo. Es por eso por lo que decimos “adiós” cuando en realidad queremos decir “quédate” o comenzamos a bailar para disimular que estamos a punto de caer. Quizá por eso escribimos en un papel cuando lo que queremos es gritar. Y yo no he encontrado mejor forma de hacerlo que volver a recitar rompiéndome el pecho; porque lo bonito de sangrar es que alguien sepa lamerte todas esas heridas que no has conseguido cicatrizar.
Por eso estoy aquí, porque gritar y esperar el eco me parece la manera más bonita de medir el vacío que tengo por dentro. Y hace tiempo que asomarme a este abismo me da vértigo. Pero se acabó el decir “no puedo”, porque tengo los pulmones encharcados de todo el agua salada que no supe llorarte. Me agoniza la tinta en las manos y los dedos me piden que vuelva a crearte. El pecho me late la libertad de las dos en rima asonante y vuelves a mí convirtiendo en alas cada una de las puñaladas qu…

Propósitos para 2016

Para este año nuevo me he propuesto ser realista. Quizá por eso mi propósito para 2016 no es olvidarte, sino que al recordarte no duela. No pido sentir indiferencia, me basta con que, al escuchar tu nombre, no me falte el aire. Tampoco quiero no echarte de menos, sino aceptar que (por más que lo haga) tú no vendrás. Quiero encadenarte a mi pasado para que no pueda arrastrarte a mi presente. ¿Quién sabe? Quizá así pueda limpiar el polvo que me tapa la sonrisa y volver a pintarme los labios de rojo carmín. Quizá conozca a alguien que me inspire cosas felices para escribir y a quien hacer fotos bonitas y lo sean aún más porque esa persona esté en ellas. Quizá aprenda a mirar al vacío sin sentir vértigo y al cielo sin sentirme pequeña. Quizá aprenda a quererme y a querer de otra manera. Quizá sea capaz de creer en cosas que ahora me parecen improbables, porque las que me parecían imposibles las he visto cumplirse casi todas. Quizá deje de pedir deseos al ver estrellas fugaces y lo que ha…

París: la ciudad del amor convertida en la del odio.

(A veces, para mirar de frente a los problemas, necesitamos descansar la vista primero unos segundos). Abrázame fuerte, que me da miedo el mundo. Dime que me quieres, aunque sea mentira, da igual. Prométeme que saldremos de ésta, vivos. Hoy es domingo y he vuelto a llorar. Dame la mano, apriétamela. Necesito saber qué se siente cuando tienes a alguien en quien confiar. El cielo se ha teñido del color de la muerte. Me tiemblan las piernas y al cerrar los ojos sólo veo la masacre de las imágenes que se han grabado en mi mente. Necesito olvidar. No pensar. La soledad se está fumando un cigarro que está a punto de prender fuego a la casa. El silencio ahoga tanto que me mata. El consejo del médico vuelve a resonar como un constante eco: "Deberías creer en algo". Que alguien me explique cómo ser capaz, después de tanto. Joder. Llaman a la puerta. Es la ansiedad. Viene acompañada de la impotencia de no poder hacer nada para cambiar. Y justo al abrir, se me cae el mundo de las manos. …

Me aterra la idea.

Estoy tan acostumbrada a sufrir que, cuando las cosas empiezan a ir bien, creo que no es amor y me alejo a varios universos de distancia. Aunque también es cierto que, pese a que nunca ha pasado, si alguien se atreviese a quererme de verdad, haría todo lo posible para frenarlo. A veces me paro a pensar qué es exactamente lo que hago mal para que nadie haya sentido por mí algo más. Después recuerdo que no sé dejarme querer porque me agobia saber que el bienestar de un corazón está en mis manos, las mismas que han roto tantos platos. Y me aterra la idea de convertirme en tormenta en la vida de alguien que ame el sol. Si hay algo que tengo claro es que no quiero ser la grieta de nadie y, teniendo en cuenta que soy un desastre, al final siempre me quedo con la soledad que me abraza y que me pide que le escriba versos. Antes de dar una oportunidad a alguien, me la debería dar a mí misma primero.

Tenemos que hablar...

-Tenemos que hablar.
+...
- Hace días que te veo sonreír de menos y llorar de más. Te miro y no te reconozco. Has dejado de escribir como si no te importase morir, como si supieses que nada te puede salvar. Los chistes malos ya no te hacen gracia. Pones en bucle canciones tristes que te hunden un poco más. No te levantas dos horas antes para fotografiar amaneceres. No sonríes al ver las estrellas por la ventana cuando te vas a acostar. Abrazas la fotografía de tus padres como quien se aferra a la vida. No lees a Sergio en voz alta cuando el silencio te empieza a ahogar. Tampoco te pones Extremoduro a todo volumen cuando te vas a duchar. Ahora no haces crepes para cenar cuando tienes tiempo. Has dejado de bailar en bragas por toda la casa. Apenas sales de la cama si no es por necesidad. ¿Qué te ha hecho tener esas ojeras? ¿soñar tan poco? Tienes los ojitos tan tristes, que apenas se pueden cerrar para pedir deseos. Tus labios están llenos de grietas, como si alguien te hubiese roto por d…

Sobre todo en azul.

- Llevo unos días sin escribir nada que merezca la pena compartir, pero os dejo esto como muestra de que sigo siendo mortal, que me sigo rindiendo en un papel- Cuanto más aire respiro, más noto que me asfixio. Lo que quiero decir es que hay días que siento que la tormenta empieza en mí. Se me tiñe el alma de gris y comienzan a inundarse los ojos, como si alguien hubiese abierto un paraguas dentro de casa atrayendo la mala suerte. Después la lluvia se encarga de borrar cualquier palabra que hubiese escrita en las paredes de este edificio en ruinas que es mi vida. Hasta a veces aparece un arcoiris poniendo un poco de color a este triste paisaje que es mi futuro sin ti. No sé por qué, pero los relámpagos me parecen todas esas caricias que no nos haremos y, el trueno que les sigue, el ruido que hace un corazón que se está rompiendo. He llorado en todas las tonalidades, pero sobre todo en azul. Tus ojos no tienen nada que ver con eso, te lo prometo

Como llega el otoño...

Entras en mi vida
como llega el otoño.
Haces que todas las hojas
que nunca llené de versos
se caigan de mi árbol,
para pisarlas a besos
cuando decidamos crear
el amor en el suelo.
Tienes la lluvia
debajo de los párpados
y te muerdo los labios
para desatar tormentas.
El frío de tus manos
acaricia mucho mejor
que cualquier brisa pasajera
y quema como el hielo
que se forma en los tejados
al amanecer. Me entran ganas de saltar
juntos de la mano,
como si después
de cada precipicio,
nos esperara un charco. Tienes el alma del color
del cielo en mis días tristes
y a mí me sobra melancolía
para alimentarnos los dos. Si me abrazas,
me sobra el abrigo
y hasta la piel. Si te marchas,
se adelanta el invierno
otra vez. Prometo hacerte reír
hasta que olvides
lo que es el dolor.
Pero, por favor,
quédate.