domingo, 23 de marzo de 2014

La magia de los imposibles...



LETRA:
Quieren hacernos creer que de tal palo, tal astilla... pero lo único que dejan los palos son heridas. Hoy la única forma de que mi corazón alce el vuelo es que se lo coma un pájaro y quiero empezar diciéndoos que clavarse un alfiler en la pupila -justo en el centro- suena mucho menos doloroso que pronunciar su nombre.
Son las cuatro y media de una madrugada cualquiera y ha vuelto a aparecer hasta en mis peores pesadillas -en las que tengo los ojos abiertos-. Quiero confesar ahora que el morado de mis ojeras es el mismo que el de sus labios cuando tiene frío... y él, últimamente, tiene frío siempre. Es por eso por lo que no tengo sueño, aunque su plural me sobra y más sabiendo que él es el dueño de todas y cada uno de mis ilusiones que ahora, poco a poco, se ahogan en el mar de los recuerdos.
Y es que, aunque pueda sonar raro, él era de ese tipo de personas que si se fuese de putas, pediría abrazos. Se le notaba cada vez que le tenía cerca que se fijaba en mi sonrisa, en mis ojos y en mis muecas. Creedme cuando os digo que, si le conocieseis, empezaríais a creer en la perfección...
Me encantaba verle después de lavarse los dientes, porque los labios se le quedaban más rojos de lo normal. Se precipitaban mis dudas por sus pestañas y se deslizaban las ganas desde la comisura de sus labios hasta su cuello. Sonreía, me abrazaba y me acariciaba los sueños. Me mordía la nariz, yo le atacaba la mejilla, me apretaba fuerte las manos y me mordía la barbilla. A partir de ahí, dejábamos que el amor nos dibujara en los rincones. 
También me gustaba pillarlo con las manos en la masa y preguntarle: "¿Qué haces?". Mirarle la mano derecha y vérsela manchada de tinta, hasta que me cogía en brazos y me sentaba en sus rodillas para empezar a susurrarme que gracias a mí había conocido la poesía. Y me leía cada verso que escribía todas las noches. Me llamaba musa y melancolía. Me acariciaba con su nariz fría y, de repente, aparecía una arritmia que latía su nombre en código morse y todo mi cuerpo se bañaba de él.
Había veces en que le hacía cosquillas y acababa tirado en el suelo, riendo a carcajadas con la boca llena de te quiero's. También cocinábamos juntos y no me dejaba picar la cebolla porque decía que por nada del mundo quería verme llorar si no era de alegría. 
Todos los días cuando se levantaba, subía la persiana y me decía que por fin su sol iba a salir de la cama. Él no era de los que regalan flores... él era de los que te secuestran un día para ir a verlas al campo, observar las nubes, bañarte en cualquier charco y contar las estrellas. Y es que él era toda la magia -sin truco- que había en el mundo.
Le escribo en pasado porque hace tiempo que este ideal del que os hablo, se convirtió en realidad. En la realidad de que hay imposibles imposibles de realizar. Pero os juro que le quiero, aunque no exista. Y, sin conocerle, ya le echo de menos...


Clara I.

3 comentarios:

  1. Me gustaría utilizar la misma canción que aparece en el vídeo para un trabajo de la carrera, podrías decirme cual es? Gracias.
    Pd: Increíbles tus letras.

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    1. ¡Gracias! La canción de fondo es "Someone like you" de Adele, pero en versión de guitarra acústica... De hecho, si te fijas, lo pone en los créditos ;)

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  2. QUE PADRE TU LOS ESCRIBES O LOS BUSCAS <3 <3 <3

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¿Hacemos poesía?