sábado, 27 de diciembre de 2014

De pequeña.

-Porque el pleno siglo XXI hay quien te dice que en vez de estudiar una ingeniería, te tendrías que dedicar a fregar. Tenemos los mismos derechos, que no se os olvide.-
Yo de pequeña soñaba con ser princesa. Quería llevar un vestido rosa y zapatos de tacón, vivir en un palacio con un jardín enorme y tener un príncipe azul que viniera a rescatarme en caballo siempre que las cosas fueran mal. Quería ser modelo además, porque eso implicaba ser guapa y a mí me habían inculcado que así se triunfaba en esta sociedad. También sabía que tendría que ser ama de casa porque las cocinitas y las fregonas eran los juguetes de las chicas. A diferencia de lo que yo pensara, no podría ser futbolista, ni camionera, ni albañil, ni ingeniera. Me tenían que gustar las muñecas e ir de compras. Nadie te preguntaba por tu color favorito porque daban por hecho que era el rosa. Pero nunca nos dijeron cómo conseguiríamos la corona. Y ahí está el problema.
Nos enseñan a ser sumisas, a soñar con un amor de verdad, a hacer las tareas de la casa, a ponernos guapas (y ser un objeto sexual), a odiar nuestro cuerpo si no lo somos y envidiar los prototipos de las revistas, a darlo todo desde el principio hasta el final, a someternos a una autoridad, a no tener iniciativa y creer que caminando solas en la vida, nunca podríamos triunfar. ¿Pero en qué momento de la historia se nos enseña a luchar? A defender nuestros derechos y la igualdad, a perseguir nuestros sueños, a ser independientes, a poner límites cuando no nos apetece, a valorarnos tal y como somos, a amar por igual, a saber que somos libres y podemos actuar como tal... ¿Cuándo nos enseñaron que el futuro no tendría nada que ver con una película de Disney? No lo tengo claro, pero creo que nunca. Lo tuvimos que aprender a base de palos y quemar los castillos que nos habían construido con paja. Así que una cosa sé seguro, si los tuviera, yo educaría a mis hijos para ser fuertes, pero alejados de imposiciones o creencias. Con la libertad de escribir el futuro a su manera.
A mis padres: gracias por dejarme ser como y lo que yo quiera.

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