miércoles, 22 de octubre de 2014

Micro-recuerdo: mis días echan de menos algo que nunca tuvieron.


Micro-no-recuerdo: De cómo mis días echan de menos algo que nunca tuvieron.

Me enciendo un cigarro, doy una calada y sonrío al ver cómo aspiras el humo con los ojos cerrados. Antes de que el filtro vuelva a rozar mis labios, me besas -despacio-. No sé si estamos borrachos o conscientes, pero si es lo primero... nunca una resaca me trajo tan buena suerte.
Me has escrito con un bolígrafo mi poema favorito en la espalda y yo te he dibujado en el pecho un precipicio. Si es verdad eso de que una imagen vale más que mil palabras, será la mejor forma de que entiendas que eres mi lugar preferido
para
caer
y
matarme.
Te muerdes el labio y yo sonrío. Me muerdes el labio y sonríes conmigo. Nos miramos. Silencio. Suena una batería en mi pecho. Me apartas el pelo. Me acaricias la mejilla, y siento romperse mi piel formando aviones de papel con destino a tus manos. Eres la carta de amor más bonita que nunca me han escrito en la vida. Abres ligeramente la boca y coges aire para decir algo. Me dejas sin aire. Me callo. Y susurras algo así como "El infinito a tu lado es como comparar el mar con un charco". Y yo te contesto: "Hablando de profundidades, debes saber que para salvar a alguien que se está ahogando, tienes que estar más hundido para poder empujar por debajo". Bajas la mirada, me coges la mano, la aprietas con fuerza y afirmas: "Cuando no nos quede nada, nos seguiremos teniendo a nosotros mismos, pequeña". Sello con un beso tu boca antes de abrazarte y gritar que:
"Todos deberíamos tener a alguien que nos salve...".


Aunque no fumo.
Ni nunca nadie se ha enamorado de mí.

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¿Hacemos poesía?