domingo, 15 de marzo de 2015

Nada para impresionar.

Dice la canción "no tengo nada para impresionar, ni por fuera ni por dentro" y es cierto. Tengo los rizos como la mejor prueba del caos que reina en mi cabeza, que más que amueblada, está en mudanza permanente. Los dedos llenos de tinta para no fallar a mis costumbres; y es que, cuando pueda escribir a boli sin mancharme, aprenderé también a querer sin que acabe en desastre... Y no sé si reír, llorar o encerrarme en mi caja torácica para no salir jamás. Quiero convertirme en la chica de mente abierta y corazón cerrado, porque cada vez que lo abro, juro que nadie sale ileso. Me convierto en destrucción por cada sitio que paso y en el amor, bueno, mejor no hablemos de eso. No sé besar si no es con los ojos cerrados (como mirando por dentro), ni querer tan poco como para poder expresarlo (si al amor nunca le haría justicia un poema). Tampoco sé llorar sin que duela, aunque sí sé aguantar el dolor sin llorar. Y ya no sé si es tristeza lo que tengo aquí, o son todavía muchísimas ganas de ser más y más feliz. Si reír es casi tan adictivo como mirarte a los ojos, quiero que me cuenten chistes taaan tontos que me recuerden a mí. Que hoy lo importante del camino es que no tenga ni dirección ni sentido, siempre que me lleve a ti. Espera, que prometí no volver a escribirte hasta que no volvieras (es decir, nunca más). Pero joder... ¿ Y si me guardo el cerebro en el pecho y me escondo el corazón en la cabeza? Va a ser la única forma de salir viva de ésta.

1 comentario:

  1. ¿És en la Volvo de Alicante? Te sigo desde hace un Montón, eres una gran escritora, un beso.

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¿Hacemos poesía?