Hace mucho que no escribo.

-Que alguien me diga dónde emigran las musas cuando dentro de mí es invierno-.
Hace mucho que no escribo, desde que no sé qué tiempo usar para echarme de menos, aparte del que ya no paso conmigo. Una parte de mí ha pecado de suicidio y ahora que estoy incompleta, ni las letras son capaces de ayudarme a mantener el equilibrio.
Soy triste por naturaleza y, a partir de hoy, solitaria por elección. El sexo es lo más cercano al amor que han buscado conmigo, también un día llamé "amigos" a personas que ahora son simples conocidos. Que ya lo dice la canción, "soy el pellizco pa' cuando te olvidas de que soy el perro verde". También soy una enciclopedia con patas, sólo a veces.
He vuelto a llorar viendo el telediario y a odiar lo que observo en un espejo. He vuelto a gritar de rabia y de asco, y a aferrarme a una ilusión con cara de sueño. Ojalá alguien me hubiese avisado de que la vida, con el tiempo, dolería tanto.
He dejado de creer en todo, también en mí. Ahora que todos los pájaros que me habitaban en la cabeza se han ido en bandada, sólo me queda la paja de los nidos de los que nunca salió nada.

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