viernes, 24 de abril de 2015

Me he retirado la palabra...


Me he retirado la palabra. He dejado de hablarme, porque no sé cómo perdonarme el no evitar que te marcharas. Ojalá te hubiese cogido de la mano como si te estuviese agarrando la vida. Ojalá te hubiese gritado un "quédate" en vez de quedarme callada, observando cómo te alejabas para siempre. Ojalá no me faltara el aire, mientras te escribo, por cómo me pesa la culpa en el pecho de haber querido detenerte entonces, y no haberlo hecho.
Ahora que no estás, supongo que te dará igual el que yo siga sobreviviendo, que viene a ser la forma más estúpida de vivir muriendo, un poquito, a cada momento -sin ti-. Hago lo que puedo, que no es nada de lo que me gustaría. Y además me está dando vértigo que a estas alturas de la vida no haya encontrado mi lugar en otro sitio que no sea a tu lado. Dicen que hay personas que te marcan, despedidas que te matan. He puesto un marcapáginas de rosa en el libro que me regalaste hace un año, justo donde habla de nuestro último beso. Quiero que sepas que lo voy a dejar ahí, que no voy a seguir leyendo.

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