martes, 22 de septiembre de 2015

Crónica de la niña que no sabía quererse bien

Siendo sinceros, soy todos los complejos que me estallan en los lagrimales cuando me miro a un espejo. Las ruinas que nadie podrá reconstruir jamás. Que no se verme sin odiarme, ni vestirme sin llorar.
Sálvame, necesito que me agarres. Vienen curvas y yo sólo llevo puesto en el pantalón el cinturón de inseguridad, que siempre consigue herirme un poquito más. Quiero decir que algo que está completamente roto, puede llegar a convertirse en polvo; y lo mismo pasa con las personas. Sopla, me estoy a punto de evaporar. 
Soy 99% defectos y el porcentaje restante se resume en miedo. Si te atreves a mirar y a juzgar, no hace falta que dispares... seré yo misma quien apriete el gatillo, no me hace daño una bala más. 
90 caídas, 60 espinas, 90 heridas. 
Quiero que esta pesadilla acabe ya. Yo sólo necesito ser normal, una niña bonita. No tener que avergonzarme al salir a la calle o no tener que acostumbrarme a que alguien me rechace. Quiero que las heridas cicatricen, en vez de sangrar. 
Ser libre, no vivir atada al reflejo que me escupe el puto espejo cada mañana.
Ana ya se ha ido, ahora es Mía la que está conmigo. Dice que somos amigas y que no me va a abandonar. Última llamada de auxilio: tenemos que parar esto junto, no pronto, sino YA.



Recuerda que vales mucho más que cualquier prototipo social. Valórate como te mereces, por favor.
El problema no es tu cuerpo, sino lo que te han hecho ver en él. Así que:
 quiérete mucho,
pero sobre todo:
quiérete bien.

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